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Y después de las riadas, ¿qué? Dónde y cómo pescar truchas

Este año hemos tenido, como en años anteriores, episodios de riadas. En algunas zonas han sido severas y, además, han llegado después de buena parte de las frezas.

La reproducción de la trucha no se produce exactamente al mismo tiempo en todos los ríos ni todos los años. Depende, entre otros factores, de las condiciones ambientales y de cada población. Por eso una riada importante puede encontrarse con huevos todavía incubándose bajo la grava o con otros estadios tempranos especialmente vulnerables.

Las truchas son peces.

Sí, vaya perogrullada acabo de soltar. Pero lo hago con toda conciencia porque cada año recibo correos mostrando preocupación por el estado de los peces después de una buena riada.

Amigos, las truchas llevan miles de años viviendo en ríos sometidos a crecidas. Lo que para nosotros puede parecer un ambiente tremendamente hostil forma parte de la dinámica natural de su medio.

Eso no significa que una riada sea inocua. Puede provocar mortalidad, desplazar peces, alterar frezaderos y afectar especialmente a huevos, alevines y juveniles. Pero tampoco debemos dar por hecho que después de una gran crecida el río se ha quedado sin truchas.

Cuando aumenta el caudal, los peces pueden buscar zonas laterales, refugios hidráulicos y puntos donde la velocidad del agua sea menor. Cuando el río recupera progresivamente su caudal habitual, muchos vuelven a ocupar las zonas favorables.

Por eso es tan importante conservar poblaciones salvajes y ríos con suficiente diversidad de hábitats y refugios que permitan afrontar estos episodios naturales.

Dicho todo esto, cuando uno vuelve a su tramo habitual después de una riada lo primero que suele encontrarse es un nuevo escenario.

Es habitual ver pozas fuertemente modificadas, tablas desaparecidas, materia vegetal por todas partes y, por supuesto, un buen surtido de plásticos y enseres humanos repartidos por la ribera.

¿Dónde estarán nuestros peces?

Si el tramo no ha sufrido grandes modificaciones es posible que varios de nuestros conocidos continúen en zonas próximas a sus posiciones habituales. Es algo que he podido observar durante muchos años.

Si, por el contrario, se ha producido un fuerte movimiento de sedimentos y rocas, algunos peces pueden haberse desplazado y el reparto de las posturas habrá cambiado.

Cuando las condiciones vuelvan a estabilizarse, esos nuevos hábitats irán siendo ocupados de nuevo si el río conserva una población truchera saludable.

Y ahí empieza otra vez nuestro trabajo como pescadores: volver a leer el río.

Los macroinvertebrados también se ven afectados por las riadas. El impacto y su recuperación dependerán de la intensidad de la crecida, del tipo de río y de los diferentes grupos de organismos. Algunas poblaciones pueden disminuir considerablemente y después recolonizar el tramo desde zonas menos afectadas.

Por tanto, no podemos dar por hecho que el río que conocíamos antes de la crecida funcionará exactamente igual después.

En estas condiciones suelo empezar buscando los peces con ninfa y streamer.

El escenario ha cambiado y toca sondearlo con calma: pescar las nuevas posturas, explorar distintas capas de agua y prestar atención a cada gran roca, cada árbol sumergido y cada nuevo refugio creado por la corriente.

Las nuevas «casas» pueden estar habitadas por antiguos o nuevos inquilinos.

Y quizás uno de ellos sea esa trucha tan deseada.

Debemos enfrentarnos a la postriada como una enorme oportunidad para seguir aprendiendo.

Probablemente nos seguirá sorprendiendo encontrar truchas porque nuestra mente tiende a interpretar el río desde una perspectiva demasiado humana. Una gran crecida puede parecernos devastadora y, sin embargo, cuando volvemos al agua descubrimos que una parte de sus habitantes continúa allí.

Eso no significa que todos los peces hayan salido indemnes ni que todas las clases de edad hayan respondido igual. Los primeros estadios de vida pueden ser especialmente vulnerables y una riada importante también puede afectar a los frezaderos.

Por eso conviene diferenciar nuestras observaciones como pescadores de los datos obtenidos mediante seguimientos científicos.

Una cosa es lo que pensamos que ha sucedido bajo el agua.

Otra, lo que realmente ha sucedido.

Y precisamente ahí está una parte fascinante de volver al río después de una gran riada: observarlo, intentar entenderlo y aprender de nuevo a pescarlo.

Un saludo y buena pesca.

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Ferran

Desde pequeño he estado vinculado al río. No puedo pasar por un curso de agua sin detenerme. Escuchar el rumor de sus aguas, ver y sentir la fauna. Son muchas las sensaciones de las cuales no puedo prescindir. Con este blog busco compartir estas dos facetas. Por un lado, mi compromiso por el bienestar de los ríos. Por otro, trasladaros informaciones útiles que puedan aportaros algo interesante para practicar la pesca sin muerte o sencillamente para acercaros a dar un paseo agradable. Ferran

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Mario GC

    Efectivamente Ferran, tendemos a ver las cosas desde el punto de vista humano y por culpa de eso se han cometido muchas burradas en los ríos, algunas incluso con buena fe. Un río es un ecosistema muy complejo con miles de años de evolución. Estos episodios naturales no me suelen preocupar demasiado, desde el punto de vista de la ecología por supuesto, ya que todas las especies que lo habitan, como bien dices, tiene un acervo genético que ha evolucionado acorde a estas circunstancias.

    Un placer leerte como siempre, saludos!

    1. Ferran

      Es que los humanos somos demasiado humanos ?. Gran acierto en tu comentario, sobre que se hacen cosas de buena fé, pero que por desgracia son terribles errores

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