El pasado sábado estábamos mirando el pronóstico del tiempo como niños esperando el juego deseado. Y San Fario apareció y nos dijo:
—Venga, id, que os dejaré el día sin agua.
Puesto que todo parecía indicar que las cosas iban a salir bien, me dije:
—Pues vamos a probar la caña de bambú de Paco Lizarraga con esos peces alfarresenses…
Era la segunda vez que la sacaba a pasear.
Por el camino le expliqué que allí habitan peces de mil leches. Que algunos parecen salidos del averno y tal, y tal…
Nada más sacarla de la funda me pareció que la caña tomaba vida. Los amigos necesitaron tocarla, como objeto de deseo que es.
Ella pareció… No.
Ella cogió un color más oscuro.
¿Se sonrojó?
Para empezar le hice una consulta:
—¿Pescamos a seca? ¿Ninfa? ¿Streamer?
Empezamos con un tándem que al tercer o cuarto lance ya me prendió un pez, aunque este se escurrió.
Lancé un poco más, muy poco, y decidimos pasar a probar el streamer.
El resultado fue mejor de lo esperado.
Trucha tras trucha fueron a parar a la sacadera, aunque otras muchas se escurrieron del anzuelo, todo ello fruto de mi inoperancia a la hora de realizar el cachete adecuado.
Demasiado tiempo usando cañas duras. 😉
Prueba realizada y pasada con nota, aunque no con excelente.
Seguiremos viviendo en pareja hasta encontrar la plenitud entre los dos, pero se avecina boda en breve.
Os dejo con este breve vídeo de la suelta de una de las que se dejó acariciar.
