Cuando la pasión y la conservación se encuentran
Cuando hablamos de especies invasoras, parece que entramos en terreno sagrado: o estás con los buenos o estás con los malos. Y, como casi siempre, la realidad es mucho más gris.
Soy el primero en defender la importancia de conservar nuestras especies autóctonas —faltaría más. Nuestro patrimonio natural forma parte de quienes somos, y perderlo es perder una parte de nosotros. Pero también entiendo a los miles de pescadores que han crecido viendo y pescando especies que hoy llamamos exóticas o invasoras. Para ellos —y, en parte, también para mí— esos peces forman parte del paisaje emocional y cultural de la pesca. Nací con las iris y carpas para que nos entendamos.
El debate, sin embargo, suele plantearse en términos absolutos: o eliminamos todo lo que no es autóctono, o aceptamos que “todo vale”. Ninguno de estos extremos me convence.
El ejemplo del Pirineo
Solo hace falta mirar el Pirineo. Hay cientos de lagos y, en términos generales, menos de la mitad contienen peces. El resto son lagos sin presencia de fauna piscícola, auténticos santuarios para otras especies, y así deben permanecer.
Esto nos recuerda que el hecho de que algunos lagos alberguen peces introducidos hace décadas o siglos no supone el fin de la biodiversidad ni un apocalipsis ecológico total en nuestro territorio.
Hemos construido carreteras, estaciones de esquí, gestionado bosques y pastoreado ganado en cotas donde antes no había nada. También hemos abierto el acceso para que miles —millones— de personas se acerquen a esas zonas, buscando una economía que mantenga vivos los pueblos. Nos guste o no, los Pirineos actuales son un paisaje profundamente humano. Y lo mismo podemos decir de otros sistemas montañosos, meseta…
En este contexto, que ciertos lagos contengan salvelinos, truchas arcoíris o incluso poblaciones mediterráneas de trucha común (auténticos reservorios genéticos) no me parece un desastre como para rasgarse las vestiduras y liarse a matar todo pez viviente. De hecho, una gestión inteligente e integradora de estos espacios podría generar recursos para restaurar otras zonas de mayor valor ecológico.
Francia lo hace. Hace unas semanas pesqué truchas arcoíris en los lagos de Bouillouses, en un entorno privilegiado —aunque muy concurrido—. Allí están protegidas durante la época de desove y todo funciona: hay respeto, control y actividad económica.
Cada año, cientos de pescadores suben, pagan su tarifa, usan el transporte local, comen en los restaurantes de la zona… y todo ello contribuye al territorio.
Ni negacionismo ni caza de brujas
Por supuesto, hay problemas reales. En algunos lagos, ríos o embalses, la presencia de especies invasoras ha afectado gravemente a anfibios o especies endémicas. En esos casos, sí hay que actuar, y hay que hacerlo con rigor científico lejos deberían quedar las pasiones.
Pero no podemos aplicar el mismo patrón a todos los ecosistemas ni criminalizar al pescador recreativo de forma sistemática. A menudo, el pescador es el primer observador del medio, quien detecta los cambios y quien más ama ríos y lagos —aunque a veces sea por egoísmo—.
También debemos hablar claro: una especie exótica no deja de serlo por llevar siglos con nosotros. La carpa no es autóctona por haberla traído los romanos, ni el lucio está “naturalizado”, esa dichosa palabra tan mal utilizada y tan alejada de la ciencia.
Pero tampoco tiene sentido —ni ecológico, ni económico, ni social— plantear su erradicación total. La realidad es mucho más compleja que una etiqueta.
Entre la conservación y la convivencia
Si el debate sobre la naturaleza de una especie se usa para justificar extremos, acabamos perdiendo de vista lo esencial: cómo convivimos con lo que tenemos, cómo lo gestionamos y qué queremos dejar atrás.
Hay margen para un punto de encuentro.
Podemos tener zonas estrictamente protegidas, sin peces introducidos o con exclusivamente especies autóctonas, y al mismo tiempo espacios de pesca bien gestionados, sostenibles y responsables.
Podemos aprovechar la pasión de miles de aficionados para generar recursos, educación y respeto por el medio.
Porque, si algo tengo claro, es que amar un río o un lago pasa por vivirlo. Por mojarse las manos, literalmente.
Y sí: pesco truchas autóctonas, barbos, carpas, lucios, salvelinos… Pesco para aprender, para entender, para conectar. Y no creo que eso sea incompatible con querer proteger lo nuestro.
Quizá el futuro pase, simplemente, por aplicar el sentido común. Y el sentido común, en temas como este, es casi tan escaso como los ríos verdaderamente salvajes que nos quedan, que debería ser la base.
¿Cómo deberíamos defender todo ello?
Desde mi punto de vista, sobre todo, con sinceridad y rigor.
Pido a quienes defienden sus posturas —sean cuales sean— que lo hagan con honestidad y empatía. Se puede defender la pesca de especies exóticas sin recurrir a argumentos forzados, y siempre reconociendo lo que son: especies exóticas. Y también se pueden defender programas de recuperación de peces autóctonos sin tratar de “poco formados” al resto del colectivo.
Hay frases que escuchamos hasta la saciedad y que deberíamos borrar de nuestro argumentario:
- “Las patatas y los tomates también son exóticos e invasores.”
No, no es cierto. Tienen un origen exótico, sí, pero no son invasores. No vemos patatas ni tomates colonizando la meseta o los valles pirenaicos eliminando otros tubérculos etc.. - “Las carpas llevan aquí 2.000 años, ya se han naturalizado.”
Tampoco. La carpa sigue siendo una especie exótica, y además invasora, porque tiene una enorme capacidad de colonización.
No es lo mismo una planta cultivada que un pez que altera ecosistemas enteros. La carpa fue introducida por el hombre, y sigue siéndolo.
Dicho esto, también hay que decir las cosas claras:
Sí, sabemos que la carpa, el salvelino, el lucio y otras especies son invasoras; que en muchos lugares han diezmado poblaciones autóctonas y que sería un error querer re bautizarlas como “buenas”. Pero también debemos reconocer otra realidad: están aquí, y no van a desaparecer de un día para otro. No hay recursos económicos ni concienciación social suficiente – lo más importante – para transformar todo a siglos pasados.
Podemos —y debemos— identificar zonas específicas donde se permite su pesca, y aprovechar esos recursos para financiar programas de educación ambiental, sensibilización y recuperación de peces autóctonos.
Eso es sentido común. Y si algo necesita este debate, es precisamente eso: menos eslóganes, más conocimiento, más empatía y más verdad. Deberíamos conseguir que la Administración nos viera como un valioso recurso, y no como un problema para el medio y para la sociedad. Para ello hace falta un discurso más elaborado.
Estoy absolutamente deacuerdo con lo que dices,de hecho somos dos gotas agua,cada uno por su camino,pero confluyendo en el mismo lugar…
Pues quizás deberemos juntarlas 😉
Buenos días,
Hablas del sentido común, pues……, aquí en Cataluña, lo tenemos o no lo tenemos?? porque si lo tenemos o lo tienen, quieren radicar estás especies que hace cientos de años que han colonizado nuestras aguas.
En lugar de poder sacar con una buena gestión, recursos económicos importantes para la gente del territorio en cuestión.
Y si hablamos de la trucha Arcoiris que daba muchísimo juego , satisfaciendo a una gran parte del colectivo de pescadores, estás las encontrábamos en lugares o zonas de los ríos muy concretos y bien estructurados, en cotos intensivos, zonas libres, en aguas catalogadas como ciprinicolas o bien por debajo de los embalses e incluso en algunos embalses donde no tenían posibilidad de remontar aguas arriba y colonizar zonas donde habita la trucha autóctona o común.
Pero un buen día, esos los de arriba hicieron (Zasca) y todo al carajo, prohibición total de repoblaciónes con trucha Arcoiris, pero en cambio si permiten repoblaciónes con trucha Fario (mucho más cara) y está Sres. SI que se cruza con las autóctonas, destruyendo la genética que tantos reclaman, en cambio con la Iris esto no ocurre, pero los que tienen como se dice la Sartén por el Mango, son los que dictaminan sus leyes.
Y ahora volvemos al inicio «el Sentido Común» Cataluña no a la trucha Arcoiris, pero y porque en otras Comunidades las Administraciones SI lo permiten ; y yo reflexionando me hago una pregunta, somos nosotros «Catalunya» los que tenemos sentido común?? o tal vez lo tienen las otras Comunidades ???? Ahí está el dilema….. Y lo dejo en el aire, para que todos Vds. Opinen.
Saludos pescadores.
De entrada muchas gracias por comentar y argumentar. Sobre las iris comentar que también hay alguna colonia en zona de salmónidos fruto de lejanas repoblaciones (ICONA etc.) pero esto es casi una anécdota en el mapa de distribución actual. Y ello, no tiene que ser un obstáculo para que fuera objeto de repoblación en intensivos en zonas de aguas bajas, o otras zonas tipos reservoires.
Hay que conseguir que llegue este tipo de mensaje a la Administración , a las zonas de decisión. Con argumentos y verdades se podría abrir alguna puerta como otros compañeros de afición han conseguido en Valencia, País Vasco etc.
Ahora viene lo siguiente, cómo, quién, cuándo, dónde… 😉
Un abrazo