¿Qué vale una trucha?
No me refiero al coste de criarla en cautividad ni al precio que pueda tener como alimento.
Me refiero al valor de una trucha viva en un río.
Durante décadas hemos acostumbrado a varias generaciones de pescadores a la introducción periódica de peces. Es lo que muchas veces he denominado, de forma poco académica, la cultura del “cisternazo”.
Pero existe otra manera de mirar nuestros ríos.
Los que practicamos la pesca sin muerte somos conscientes de que buena parte del valor de una trucha salvaje radica precisamente en que continúe viva.
Un pez correctamente devuelto al agua puede volver a ser pescado.
Pero, sobre todo, continúa formando parte del río.
Puede reproducirse, contribuir a las siguientes generaciones y seguir formando parte de una población salvaje adaptada a ese ecosistema.
Por eso conservar poblaciones salvajes y conseguir que los propios ríos sean capaces de mantenerlas debería ser siempre prioritario frente a depender permanentemente de las repoblaciones.
Pero hay otra cuestión de la que hablamos mucho menos:
una trucha viva también puede tener valor económico.
Un río vivo genera actividad
En diferentes ocasiones he planteado a la Administración el potencial turístico de la pesca recreativa y su capacidad para generar actividad económica en el territorio.
Un río en buen estado, con poblaciones salvajes y una gestión adecuada, puede convertirse en un atractivo para pescadores que se desplazan expresamente para disfrutar de esas aguas.
Y cuando un pescador viaja no paga únicamente un permiso de pesca.
Duerme.
Come.
Llena el depósito.
Compra material.
Puede contratar un guía.
Entra en una tienda.
Toma un café.
Y, en muchas ocasiones, viaja acompañado.
Es decir:
deja dinero en el territorio.
Existen destinos donde la pesca recreativa forma parte de la economía local y donde la conservación de los peces y de sus hábitats se entiende también como una forma de preservar ese recurso.
Lo he podido comprobar personalmente viajando y pescando fuera.
Precisamente por eso cuesta entender que todavía contemplemos demasiadas veces un río únicamente como agua que almacenar, derivar o utilizar, olvidando otros valores ambientales, sociales y económicos que también puede proporcionar.
Peces salvajes como patrimonio
Tenemos territorio, ríos y una larga tradición pesquera.
Pero disponer simplemente de agua y peces no convierte automáticamente un lugar en un destino de pesca.
Hace falta conservar el ecosistema.
Hace falta una gestión adecuada.
Hace falta proteger las poblaciones salvajes.
Y hace falta entender que un pescador que devuelve correctamente una trucha al río no está simplemente renunciando a llevársela.
Está permitiendo que ese pez continúe formando parte del ecosistema y, además, que pueda seguir generando experiencias para otros pescadores.
La misma trucha puede ser observada, buscada y quizá capturada más de una vez a lo largo de su vida.
Y alrededor de esa experiencia puede existir actividad económica.
Hoteles, casas rurales, restaurantes, comercios, tiendas de pesca, estaciones de servicio, guías y otros servicios pueden beneficiarse de la presencia de pescadores que visitan un territorio.
Cuando publiqué originalmente este artículo incluí un vídeo que explicaba precisamente esta idea mostrando pescadores utilizando alojamientos, restaurantes, comercios, guías y otros servicios durante sus viajes de pesca. Haz click en el enlace o busca en Youtube «Campaña Suéltalo Sernatur Los Lagos y Ríos»
Quizá esa sea la pregunta equivocada.
Porque una trucha salvaje no tiene únicamente un precio.
Tiene valor ecológico, porque forma parte de una población y de un ecosistema.
Tiene valor genético, especialmente cuando hablamos de poblaciones autóctonas.
Tiene valor recreativo, porque proporciona una experiencia al pescador.
Y puede tener también valor económico, porque unos ríos bien conservados pueden atraer personas y generar actividad en su entorno.
Por eso quizá deberíamos dejar de preguntarnos cuánto cuesta poner una trucha en un río.
Y empezar a preguntarnos:
¿cuánto vale conseguir que nunca tengamos que ponerla?