Repasando el baúl de los recuerdos, he recuperado unas fotocopias antiguas de una revista de pesca que me regaló un buen amigo zaragozano.
En estas fotocopias, de las cuales os adjunto un extracto, aparecen unos anuncios que hoy en día pueden parecer obscenos, crear taquicardias o generar frases burlonas por parte de otros.
Indiferencia es lo único que no he visto cuando las he mostrado a varios amigos.
Como no se ven muy bien, os los transcribo:

Pero la mejor, el anunció de:
“DROPPEN- la cucharilla que hace rebosar las cestas – 103 truchas en un solo día, 53 percas y 7 lucios en una tarde, 375 truchas salvelinos en 6 días – son algunos de los muchos “récords” que la hace un OBLIGATORIO para truchas y otras especies carnívoras”.
Anuncios publicados en 1971.

Esto es marketing en estado puro.
Frases generando unas enormes expectativas, acompañado todo ello de las oportunas fotografías.
Esto hoy en día quizás no sería ni viable ni tan siquiera bien visto.
¿O quizás sí?
Al fin y al cabo, seguimos queriendo prender más y más peces, ¿no?
Fruto de la localización de estos recortes me planteo, más allá del debate con o sin muerte, la siguiente pregunta:
¿Cantidad o calidad?
Las distintas modalidades de pesca persiguen, de uno u otro modo, tener ese señuelo que permita capturar el máximo de peces y, a ser posible, los más grandes.
Así, tenemos a los pescadores de ciprínidos que utilizan masillas buscando la mejor fórmula para atraer a los peces. A los de artificiales, buscando aquel señuelo que tenga las características más parecidas al natural. Al pescador a mosca, buscando aquel patrón que nos saque de momentos de apuro o que nos brinde más subidas.
Y así, una a una, modalidad a modalidad.
Esta búsqueda de cantidad también ha influido históricamente en determinadas formas de entender la gestión de la pesca: criar peces en cautividad, realizar repoblaciones o crear escenarios intensivos.
Parece, demasiadas veces, que la pesca solo pueda medirse por la cantidad.
Calidad o cantidad.
Esto es algo que ya cuestionaban, entre otros, Doug Swisher y Carl Richards en el capítulo 14 de su conocido libro La estrategia en la pesca con mosca, publicado originalmente en 1975.
Los autores planteaban allí una cuestión que, décadas después, sigue resultando interesante: si las mejores aguas deben gestionarse buscando que muchos pescadores capturen muchos peces o si debe priorizarse una pesca de mayor calidad basada en poblaciones salvajes y ambientes naturales.
Y eso lleva a otras preguntas.
¿Hacia dónde vamos? ¿Qué pesca queremos? ¿Qué turismo y qué economía buscamos alrededor de la pesca?
Y, por supuesto, ¿qué queremos para nuestros peces, para los ecosistemas, para las siguientes generaciones y, en definitiva, para esta afición?
Obvio decir que hay pescadores que buscan solo cantidad, otros que buscan calidad y los que persiguen el Santo Grial, o sea, cantidad y calidad.
Algo que, a diferencia de la reliquia, sí es posible encontrar en diversos escenarios de nuestro querido planeta Tierra.
Y ya puestos, una pregunta:
¿Qué os hace mover más: cantidad o calidad?