Cuando me llamaron y me dijeron que iba a ver el río Soča, casi se me queda pegado el teléfono en la oreja.
Mucho había oído hablar de él, muchas fotos y algunos vídeos. No hacía mucho tiempo, creo que dos años, varios amigos excursionistas y amantes de las canoas habían estado por allí.
Cuando me enseñaban las fotos del río podía percibir cómo su mente volvía a trasladarse a su cauce.
Absortos. Podría decir que llegaron enamorados, casi poseídos.
Obviamente soltaron el consabido:
—Volveremos.
Para posteriormente decirme:
—¿Ves? Hay peces, vimos muchos pescadores, seguro que te lo pasas bien.
Rápidamente les solté que ¡¡ahí estaban las afamadas y misteriosas marmoratas!!
La verdad es que mi cara y mi expresión no les causaron mucha impresión porque rápidamente siguieron hablando de sus bajadas por las gargantas y de no sé cuántas cabriolas hicieron.
Yo seguí ensimismado pensando en esas truchas y en el día en el que las podría tentar.
No sé si Michelangelo las vio en alguna ocasión, pero, si las llega a ver, seguramente habría esculpido en algún trozo de mármol a estas truchas con ese aspecto tan característico.
El Soča nace en los Alpes Julianos y, después de recorrer tierras eslovenas e italianas, acaba entregando sus aguas al mar Adriático.
Pero todos esos datos casi desaparecen cuando lo tienes delante.
Qué color, qué transparencias. El entorno, el verde de los bosques, el azul del cielo.
He de reconocer que me ha tocado el alma.
Su color esmeralda no te deja indiferente. Tiene una imagen y una personalidad potentes, algo que ha dado pie a poemas y escritos y que incluso lo ha convertido en escenario cinematográfico.

El Soča, aparte de marmoratas, también alberga tímalos, truchas arcoíris, farios e híbridos.
En aquellos años ya existían proyectos destinados a favorecer la recuperación de la reina de estas aguas: la marmorata.
La gestión de la pesca estaba dividida entre diferentes entidades según los tramos del río. Es algo que, evidentemente, puede cambiar con el tiempo y que conviene consultar antes de viajar.

Durante nuestra estancia anduvimos por él un par de días. Solo pescamos la zona central.
Encontramos un río ancho y con caudal alto a causa del deshielo. Esto dificultó el acceso a algunos puntos calientes del río, pero, por contrapartida, pudimos ver un Soča con un aspecto formidable.
Bello.
Apasionante.
Lo que más salieron fueron tímalos, esos duendes del río que se mimetizan, y truchas arcoíris, aunque también pudimos coger alguna marmorata.
La mayoría de los peces se pescaron a pez visto y a ninfa, aunque también pescamos al agua dadas las circunstancias.
A seca solo hubo un par de horas de auténtico frenesí.
A las rainbow les dio por lanzarse a la Branko Killer con auténtica devoción.


Durante aquellos días hubo dos elementos que condicionaron nuestra pesca: el caudal y las canoas.
Había habido un buen manto nival y el deshielo se había alargado. Quizá quince días más tarde hubiéramos encontrado otras condiciones.
Pero esto varía según los caprichos de nuestra amada Naturaleza.
El otro factor eran las canoas.
Su paso no pareció alterar demasiado ni a los peces ni nuestra pesca. Varios peces salieron a escasos minutos del trasiego de diferentes embarcaciones.
No obstante, si esto os pone nerviosos, deberéis hacer un curso acelerado de control del estrés.



Queda apuntado este río en la agenda como «río al que volver».
Espero poder pescar su parte alta, el tramo de estrechos de color azul turquesa en el que vi ejemplares que te quitan el hipo.
Pero también volver a pescar su parte central, más abierta, que ofrece un delirio de imágenes, un marco excepcional para hacer correr la mente.
También deseo volver para hacer senderismo dentro de esos bosques.
Y, por supuesto, he de probar a bajar con una canoa. La imagen desde dentro del río, viendo todo ese entorno, debe de ser algo majestuoso.
No os he puesto fotos de peces. Algunos ya los habéis visto en las otras entradas.
Es mejor que hagáis correr la imaginación.
Que vuestra mente empiece a pescar duendes del río.
Pingback: Fotos: Una trucha híbrida del río Idrija | Remontando rios
Impresionante viaje y que maravilla esas aguas color esmeralda, me alegro que disfrutarais. Da la sensación que aquello lo gestionan de mimo, lo que no se cual será el coste de practicar la actividad…
Saludos!!
Hola Mario. Sí, lo cuidan de forma importante. Y es normal, ya que los ingresos de esos permisos revierten en la recuperación de sus peces. A la que pueda voy a volver, me quedan muchos rincones para ver y cosas para aprender.