Quién no ha tenido la sensación o, la certeza, que siempre hay las típicas truchas un metro más allá de donde alcanza nuestro lance. La desesperación se apodera de uno cuando ve que ni invocando a los Dioses del lanzado se le aparecen y le poseen para lanzar esos metros necesarios. De hecho, sería un mal rollo verse poseído para lanzar algunos metros más… Por si acaso, si veis a un pescador dando aspavientos raros, balbuceando, mejor alejaros, no sea que… Pero dejemos el tema oscurantista.

Cuando llega el final de la temporada a uno le queda un sentimiento parecido. No me refiero a que puedas lanzar algo más lejos, sino, a la sensación del estrés pesquil que uno coge al ver que el calendario se acorta, que ya tenemos los días contados, que ya no podremos llegar más allá. Para más INRI, es la época en que se juntan varios condicionantes que hacen de la pesca, más bella, más hermosa. Las temperaturas tienden a suavizarse, con ese punto de calor ideal para tener buenas sensaciones en el agua. La vegetación acelera su cambio estacional. Los colores ocres, los caminos llenos de hojas, ese olor típico de tierra húmeda, esas setas de mil colores que adornan el bosque. Uno abre las fosas nasales como si de un sabueso se tratara intentando captar la diversidad de fragancias. Para un fotógrafo, el paso de verano a otoño es otro momento de catarsis. La luz cambia radicalmente, el cielo intensifica el azul, las puestas de sol se magnifican. Y para colmo, o para deleite, suele ser época de hormigas, esas amigas que alborotan a nuestros peces, que tantos buenos ratos me han hecho pasar esta temporada.

Esos últimos coletazos para nuestra afición suelen ir acompañados de momentos de buenas capturas. Los peces muestran una buena o muy buena actividad, y ya no te cuento si se juntan factores como temperatura, lluvias… En otoño he tenido las mejores jornadas de barbos pero también he tenido buenos momentos pescando las ultimas truchas. Tengo un especial recuerdo de una jornada en Pino del Río ¡¡que rato pasé con Joaquín Herrero!!. Pero también atesoro hermosos recuerdos en Pirineos. Mi amado Pirineo, siempre se las apaña para atraerme como el hierro al imán. Todavía tengo frescos en la memoria los lances realizados en sus aguas, puras, cristalinas. Para mi son momentos casi lujuriosos. Puse fin a la alta montaña en el Valle de Benasque.

Finiquito una temporada agradable, bondadosa en sensaciones, razonable en salidas de pesca. Ha sido el año de Eslovenia. Hermoso viaje que me ha deparado buenas satisfacciones. Me he reencontrado con amigos, he hecho nuevos compañeros de lides, he visitado nuevos destinos, nuevas sensaciones ¿qué más se puede pedir? bueno, sí, que el dios Crono, el dios del tiempo, sea considerado, que me libere, que se lo monte como quiera pero que me deje gozar un poco más de este magnifico otoño.

Este año no sé si me voy a aletargar cual lirón. Por mis venas sigue fluyendo la sangre, mi corazón no para de bombearla. Mi «ser pescador» anda juguetón, no quiere parar de andar por esas veredas, necesita sentir la humedad y porqué no, sentir el frío del invierno en las manos. Me empuja, me incita a volver al río… creo voy a hacerle caso.
Vivir la vida, ser felices, seguir pescando por muchos años.
Saludos y buena pesca
Autor: Ferran Llargués
Pues si, una temporada nos deja. Pero solo para las truchas. Aun quedan días de barbos (nos debemos un buen día de barbos), y sé de buena tinta que vamos a seguir «pescando» este otoño e invierno. En nada nos plantamos en primavera. Un abrazo
ja,ja Jorge, tu sabes mucho, mucho. Sí, nos debemos un buen día de barbos y mira que me da que no tardaremos para que esto suceda. Un abrazo