Llega el frío y con él la llamada a la reproducción de las truchas.
Llega la necesaria freza y, con ella, la posibilidad de seguir incorporando nuevos ejemplares a las poblaciones de nuestros ríos.
Hay ríos que conservan buena parte de las condiciones necesarias para que estos salmónidos puedan completar su ciclo natural. Pero también hay ríos que han sido fragmentados, divididos en diferentes tramos.
Ríos troceados por barreras de cemento.
Muros que, en algunos casos, resultan infranqueables para los peces.
Cada año puede repetirse la misma historia. Truchas intentando remontar el río en busca de zonas adecuadas para la reproducción y encontrándose con una barrera que les impide continuar.
Los movimientos de las truchas durante el periodo reproductivo forman parte de su ciclo vital. Buscan lugares apropiados para la freza y el encuentro con otros ejemplares reproductores.
Pero ahí está ese dichoso muro de cemento.
No significa necesariamente que esas truchas no puedan reproducirse. Podrán encontrar otras zonas aguas abajo si existen condiciones adecuadas. Lo que sí hace una barrera infranqueable es impedirles acceder a parte del río y a hábitats que, sin ella, estarían a su alcance.
Y esto no es un problema exclusivo de este pequeño tramo. La fragmentación de los ríos mediante presas, azudes y otras barreras afecta a los movimientos de los peces en multitud de sistemas fluviales.
Agradecer el tiempo invertido por Lluís Cabanes para documentar esta escena.
El vídeo está realizado con un teléfono móvil. La calidad de imagen no es extraordinaria, pero eso es completamente secundario.
Podréis ver varios ejemplares intentando superar una y otra vez el obstáculo.
Y para muchos, entre los que me incluyo, resulta descorazonador contemplar estas imágenes.