Desde muy pequeño ya soltaba las carpas que pescábamos con mi familia. También corrían esa suerte las tencas, barbos, madrillas, cachos… Aunque, en honor a la verdad, a veces eran un complemento para los gatos del barrio y, en algunos casos, pasaban por la sartén de casa, como los barbos de montaña.
Las que sí tenían ese destino casi asegurado eran las truchas. Mis padres tenían claro que eran para comer. Recuerdo a mi madre: lo primero que hacía era mirar el cesto de mimbre para ver cuántas había y organizar con ellas la comida o la cena.
Ni recuerdo cuál fue la primera trucha que solté. Pero sí tengo claro que el cambio llegó con mi entrada en la pesca con mosca.
Entonces muchos de los pescadores enganchados a esta modalidad ya practicaban la pesca sin muerte. Escuché los razonamientos de aquellos amigos de afición sobre las bondades de devolver un pez al agua. Muchos mensajes y explicaciones que hicieron que, poco a poco, interiorizara esa forma de proceder.
Cada vez somos más los seguidores de la pesca sin muerte, aunque quizás también aumenta una pesca inconsciente, aquella que parece perseguir únicamente el número de peces, sean cuales sean las circunstancias.
Pero, lejos de desalentarme, vuelvo a recordar cómo llegué yo a la pesca sin muerte.
Por eso, más que gritar o presionar, creo que es mucho mejor divulgar modelos de pesca razonables. Hay que ilusionar, hacer disfrutar, conseguir que otras mentes y corazones puedan abrazar formas de proceder en las que la salud de los peces sea una prioridad.
Os animo a no criticar ni apabullar a quienes no piensan como vosotros, porque ni nosotros tenemos toda la verdad ni los demás piensan únicamente en ellos.
Hay que atraer a nuevos pescadores hacia modalidades y formas de pesca lo menos agresivas posible.
Pescarlo, manejarlo correctamente, soltarlo.
Disfrutar más de su marcha que de su pesca.
Muy acertado. Felicidades. A seguir igual! Gràcies.
Gràcies a tú per comentar 😉
Hola Ferrán,
coincido contigo en todo lo que comentas en el artículo. Tal vez, incluso, habría que ir un poco más allá y pensar en limitar también artes (pienso en los perdigones), que son excesivamente agresivas (por lo efectivo) con los peces. Me refiero a que, aunque hagas captura y suelta, si cada vez capturas veinte o treinta peces, las probabilidades de daño se multiplican, Entiendo que puede ser un tema polémico, pero es como yo lo veo.
Un saludo,
Pablo
Al respecto del perdigón tengo un artículo en borrador desde hace un año. No acabo de rematarlo, pero te avanzo que coincidimos.