La llegada del otoño y el invierno abre cada año el mismo debate entre pescadores: la pesca de truchas durante el periodo de reproducción.
Hay aguas en las que la pesca de la trucha permanece cerrada durante estos meses y otras donde, dependiendo de la normativa aplicable, puede seguir practicándose la pesca. También existen tramos clasificados de formas distintas donde podemos encontrar poblaciones de trucha.
Y es que los peces y la fauna en general no entienden de fronteras administrativas.
Durante estos meses no dejamos de ver en las redes sociales fotografías y vídeos de truchas pescadas en diferentes escenarios. Ejemplares grandes —que no necesariamente viejos, de eso hablaré en otro artículo— aparecen en perfiles y grupos de pesca.
Y con ello vuelve la discusión sobre lo oportuno o no de pescar estos peces durante la prefreza, freza y postfreza.
Pero ¿qué ocurre realmente? ¿Cuáles son los posibles efectos?
Antes de entrar en ello, veamos brevemente qué sucede durante esta época tan importante para las truchas.
Las truchas deben hacer frente a numerosos problemas en nuestros ríos: canalizaciones, centrales, barreras, escolleras, alteraciones del bosque de ribera y muchos otros cambios en su hábitat. A ellos se añaden la depredación natural y la presión que ejercemos quienes practicamos la pesca.
A pesar de todo ello, cada año llega nuevamente el ciclo reproductivo.
Cuando se dan las condiciones adecuadas, las truchas buscan las zonas apropiadas para reproducirse. Las hembras preparan los frezaderos removiendo la grava del lecho, donde posteriormente depositarán los huevos, que serán fecundados por los machos y quedarán cubiertos por el sustrato.
Durante las semanas anteriores se producen importantes cambios fisiológicos asociados a la maduración sexual.
Si pescamos durante este periodo, debemos tener presente que estamos manipulando peces que se encuentran inmersos en pleno proceso reproductivo. Una manipulación cuidadosa es siempre importante, pero en estas fechas cobra todavía más sentido: minimizar el tiempo fuera del agua, evitar golpes o presiones innecesarias y devolver el pez cuanto antes.
La imagen de una hembra expulsando huevos o de un macho liberando esperma durante la manipulación debería ser motivo suficiente para extremar las precauciones.
En el río también podremos observar los frezaderos si prestamos atención.
Las hembras seleccionan zonas de grava con unas condiciones adecuadas de corriente y circulación de agua entre el sustrato. Una vez depositados y fecundados, los huevos permanecerán enterrados durante su desarrollo.
Estas puestas están sometidas a numerosos riesgos naturales y derivados de la alteración del hábitat. Las crecidas pueden modificar el lecho y el exceso de sedimentos finos puede reducir la calidad de los frezaderos y afectar a la supervivencia de huevos y alevines.
También nosotros podemos causar daños.
Por este motivo es especialmente importante evitar pisar los frezaderos. No siempre son fáciles de identificar y caminar sobre las zonas de grava utilizadas para la reproducción puede alterar físicamente el lugar donde se encuentran los huevos.
Después de la freza comienza la recuperación de los reproductores. El esfuerzo reproductivo supone un coste energético y los peces deberán recuperar progresivamente su condición corporal mientras comienza de nuevo el siguiente ciclo.
| Momento | Posibles efectos de la pesca | Precauciones |
|---|---|---|
| Prefreza | Los peces se encuentran en pleno proceso de maduración reproductiva. La captura y manipulación suponen un estrés añadido. | Minimizar la manipulación y el tiempo fuera del agua. Evitar golpes y presiones innecesarias, especialmente en hembras maduras. |
| Freza | Podemos interferir directamente en el comportamiento reproductivo y desplazar a los peces de los frezaderos. | Evitar pescar sobre peces que están frezando. No entrar ni pisar las zonas de grava utilizadas como frezaderos. |
| Huevos en el frezadero | Los huevos permanecen enterrados en la grava y una alteración física del sustrato puede perjudicarlos. | No caminar sobre los frezaderos, aunque ya no veamos truchas reproduciéndose. |
| Postfreza | Los reproductores han realizado un importante esfuerzo energético y pueden presentar una condición corporal más baja. | Extremar el cuidado durante la manipulación, reducir el tiempo de captura y devolverlos rápidamente al agua. |
| En cualquier fase | Una manipulación inadecuada puede añadir lesiones o estrés innecesario a la captura. | Manos mojadas, mínima manipulación, evitar superficies secas o duras y devolver el pez al agua lo antes posible. |
Las truchas continúan necesitando alimentarse y pueden seguir siendo vulnerables a nuestros engaños.
Por eso, cuando pescamos en lugares y periodos donde la normativa permite hacerlo, la pregunta no debería limitarse únicamente a si podemos pescar.
También podemos preguntarnos cómo hacerlo reduciendo al máximo nuestra incidencia sobre los peces y, especialmente, sobre su reproducción.
Evitar los frezaderos, extremar el cuidado en la manipulación y ser conscientes del momento biológico en el que se encuentran las truchas son medidas sencillas.
Al final, perjudicar la reproducción de esos peces significa perjudicar también a las futuras generaciones.
Texto: Ferran Llargués
Texto revisado por Enric Aparicio, doctor en Biología https://www.researchgate.net/profile/Enric_Aparicio

